02Producto6 min

La web de un pintor solo tiene que hacer una cosa: que le llamen

Hice la web y la app de trabajo de Mamu, un pintor de Valencia, en cuatro días sueltos. Lo que más mejoró la web fue borrar las páginas de precios y de por qué elegirnos.

Por Salva Castells

Neste post

Mamu es pintor y hace arreglos de casa y de finca en la provincia de Valencia. Trabaja barato y rápido, y cierra cada trabajo igual: el cliente le llama, él va a verlo y le da el precio hablando. No tenía web. Lo que sí tenía era una libreta con las horas, el material y lo que cada cliente le había adelantado.

De ahí salieron dos encargos: una web que le traiga llamadas y una app donde apuntar cada trabajo y enseñárselo al cliente. Está en pintorbaratovalencia.es. Son diez commits repartidos en cuatro días, del 16 al 29 de septiembre, y el primero es mi plantilla de siempre.

Una web que no intenta vender

La primera versión de la web salió en una noche y era la web de pintor que te imaginas. Fondo blanco, páginas por servicio, una de precios, una de "por qué elegirnos" y un formulario de contacto. Once días después borré las páginas de precios y de "por qué elegirnos", quité la fontanería de los servicios y rehíce la portada entera.

La razón está en el documento de contexto que escribí antes de programar nada: el trabajo se cierra hablando. Si el trabajo se cierra hablando, la web no tiene que convencer a nadie. Tiene que conseguir que llamen. Una página de precios hace lo contrario, porque da un número sin haber visto la pared y le quita a Mamu justo la conversación en la que él cierra.

La portada que quedó tiene cinco bloques:

  • Un titular grande sobre una foto de pared desconchada.
  • Un panel de pintura (interiores, fachadas, gotelé, alisado).
  • Un antes y después que se pinta con el scroll.
  • "Otros trabajos de casa y de finca".
  • Un cierre en verde con su nombre y su teléfono.

Llamar y WhatsApp aparecen tres veces, y en el móvil van además en una barra fija abajo. El formulario sigue existiendo, pero solo en las páginas de servicio, para quien llega por Google a "pintor de fachadas" y prefiere escribir.

El antes y después es la única floritura que me permití. Es un canvas donde el scroll mueve un rodillo que va pintando la foto del después encima de la del antes. Un solo listener de scroll escribe una variable CSS por sección y el resto es CSS. Tiene 300 líneas y es probablemente lo más caro de toda la web para lo poco que ocupa. Lo dejé porque es lo único que cuenta el oficio sin texto.

Lo que no puse, y por qué

Tan importante como lo que hay es lo que no me dejé meter.

  • Ninguna cara que no sea la suya. El retrato del cierre es una silueta hasta que Mamu me mande una foto. Una cara de stock o generada, en la web de un autónomo, el visitante la toma por él.
  • Ninguna reseña inventada. Donde irían testimonios hay un [Nombre pendiente]. Una reseña inventada con nombre es una reseña falsa, y en España eso es publicidad ilícita, además de mala idea.
  • Ningún precio. Ya lo he contado.

Y aquí va algo que no está resuelto: las fotos del antes y después ahora mismo son de stock y generadas. Están marcadas en la documentación del proyecto como sustituibles antes de lanzar, porque enseñarlas como trabajo suyo sería mentir. La web está publicada y las fotos siguen ahí. Es lo primero que hay que cambiar cuando lleguen las de sus obras.

En SEO no hice nada exótico. JSON-LD de negocio local con el tipo HousePainter y su zona de servicio. Un metaTitle por servicio, pensado para búsquedas tipo "pintor en…". Sitemap con hreflang y castellano por defecto, porque los clientes están en Valencia. El propio dominio ya es una búsqueda que la gente escribe tal cual.

La libreta, en el móvil

La web trae llamadas. Lo que Mamu necesitaba de verdad era dejar de discutir cuentas. En el documento de contexto hay una frase que decidió el diseño entero del panel: si tiene fricción, vuelve a la libreta y la app muere. Así que todo se usa con el pulgar: botones de 44 píxeles, hojas que suben desde abajo y crear cliente sin salir del formulario de trabajo.

Cada trabajo tiene apuntes de cuatro tipos (horas, material, nota y extra) y pagos a cuenta. El saldo no se guarda nunca. Se calcula siempre con lo apuntado menos lo pagado, en céntimos enteros, porque con decimales flotantes el total acaba desviándose del precio que le dijiste al cliente. Hay un test con el caso que más dudas daba, el de "te doy 50 € para pintura": si el material va incluido el total es 800, y si va aparte, 850.

Cada trabajo genera un enlace secreto que Mamu manda por WhatsApp. El cliente lo abre sin registrarse y ve qué se ha hecho, qué ha pagado y cuánto queda. Tres reglas salieron de pensar en el cliente y no en la base de datos:

  1. Los apuntes nacen privados. Si todo lo que escribe lo ve el cliente, Mamu no va a apuntar "volver con la escalera larga".
  2. Los extras siempre son visibles. Un precio cerrado que sube sin dejar rastro es la manera más rápida de perder la confianza que el enlace intenta ganar.
  3. El enlace se puede apagar. Al desactivarlo, el token se borra. Si luego se vuelve a compartir, se genera uno nuevo y el viejo sigue muerto.

La cuarta regla está a medias y prefiero decirlo. La idea era congelar las cuentas al cobrar, para que un retoque posterior no pareciera que le estás cambiando las cuentas al cliente por detrás. Hoy, marcar un trabajo como cobrado guarda la fecha y el cliente ve "cuentas cerradas el…". Pero la vista sigue leyendo los apuntes en vivo y nada impide editar después. El sello está puesto. El candado todavía no.

Lo que me llevo

Si alguna vez te toca hacer la web de un oficio, borra cosas en vez de añadirlas. Las páginas de precios y de "por qué elegirnos" fueron lo primero que quité, y la web quedó más clara sin ellas. No tengo datos de conversión que lo demuestren todavía, y no me los voy a inventar. Lo que sí sé es que la pregunta que ordenó todo el proyecto fue muy simple: ¿cómo cierra Mamu un trabajo? Con esa respuesta delante, casi todas las decisiones se tomaron solas.